Mucha gente me pregunta a dónde ir a comer un Roast Beef clásico en Londres, lo que los locales llaman abreviado, el "Roast", y que suele comerse en domingo como plato único con abundante acompañamiento. Pués aquí tenéis la primera Crónica británica escrita por un enviado especial de este blog, en este caso me complace presentaros a Berenguer , otro bloguero, y su crónica del archifamoso restaurante londinense Rules.
" Entrando por la bocacalle de Maiden Lane, en la zona de Covent Garden, hay que alzar la vista: las banderas –letras doradas sobre los estandartes color Burdeos- señalan la tierra prometida que culmina el fin de semana perfecto en Londres: un Roast Beef en el Rules, local clásico entre clásicos, que se precia de ser el restaurante más antiguo de la ciudad.
Entramos, y antes de pasar a uno de los salones privados de la segunda planta que hemos reservado, nos dejan pasear por la planta del restaurante, todavía semivacía a esa hora (las doce del mediodía). Se aprecia una casa de vigor impecable: siguen atreviéndose a conservar su reluciente moqueta, sin rastro de moho o mancha, y el necesario punto elegantemente recargado de la decoración está ahí para recordarte que, sí, el sitio tiene historia, pero el cliente es lo importante.
Por la –estrecha y enmoquetada, claro- escalera hacemos la segunda parada del trayecto, en el Cocktail Bar. Llegando nos guiña el ojito un maravilloso Stilton, aposentado en carrito al uso, y flanqueado de crackers, al que decimos “See you later”: efectivamente, no pensamos perdonarlo más tarde. La hora es desacostumbrada, y el maestro coctelero, Brian Silva, no llega hasta más tarde, pero su aprendiz hace un excelente trabajo preparando unos Negroni para los más valientes, otros Screaming Viking para los que gustan del Tequila para abrir el apetito, y un Cider House Rules, logrado guiño literario a base de sidra y Gin, especialmente recomendable. Si hay una barra donde degustar también la vista, es ésta, con todo lo que uno espera de la ocasión: la botellería perfectamente ordenada, el cálido tacto de la madera, y el instrumental coctelero ordenado con limpieza y precisión quirúrgicas, prestos a hacer gozar al prójimo.
Nos acercamos más tarde, siguiendo por la escalera, hasta la alta cumbre de la sala John Betjeman, uno de los dos Private Rooms del segundo piso, ideal para los siete comensales que somos. Dado que la época -finales de mayo- no es la mejor para degustar las especialidades de caza, hemos elegido empezar con un salmón ahumado nada ordinario: lo eligen ellos, y lo ahuman ellos. El resultado es una apasionante reconciliación con el tan maltratado manjar: un ahumado redescubierto, sin exceso de sal, ni de grasa, encontrando todos los sabores del humo y del pescado. Regamos con un Pouilly Fumé ideal para estos menesteres.
Y, finalmente, llega el tan esperado Roast. La carne en su extraordinario punto rosado y el plato se va montando directamente en la mesa, acompañándolo primero del ultracásico Yorkshire pudding, las verduras, las patatas. Un Merlot Grand Cru Saint Émilion hizo de buen compañero de viaje, y nos continuó acompañando con el trío de quesos británicos: Stilton, Cheddar y –oh sorpresa- un Brie de Somerset de consistencia firme y sabor intenso. Los tres perfectamente afinados.
Terminamos con un lemon meringue pie, tartaleta al que el único reproche que hacer es su tamaño un poco excesivo. Alguien se preguntará si el exceso no viene dado por todo lo previo…Quizás sí, pero que nadie dude que Rules será revisitado en temporada de caza, cuando se pueden encontrar las piezas de su propio coto de caza, el Lartington Estate. En cualquier caso, ! qué fortuna es haber estado ya en este reino! ".
Enviado especial : (texto y fotos) Berenguer de Les regnes del destí .













